Dàmaris Gelabert es pedagoga y musicoterapeuta. Junto con su marido Álex, también músico, acercan la música a los niños para que desde la cuna, incorporen los aprendizajes básicos para la vida de un modo alegre, divertido, y participativo.
Con las canciones, sus partituras, las fichas para colorear, y los CD libros, los niños se divierten y aprenden a: -decir adiós al chupete o al pañal-, -vestirse solo/a- , -lavarse los dientes-, -recoger los juguetes-, …
Su proyecto musical incluye también actividades formativas dirigidas a las madres y padres, maestros, educadores y niños, diseñadas para vivir en directo la importancia de la estimulación musical en la vida del niño.
DÀMARIS GELABERT:
– Recomiendo siempre a las madres que les canten a sus hijos por la potencia que tiene la voz a nivel afectivo. EL CUERPO DE LA MUJER EMBARAZADA ES COMO UN VIOLONCHELO, de forma que el útero -que es donde está el bebe- es el equivalente a la caja de resonancia; por tanto el sonido llega de una manera muy especial.
– CANTAR NUTRE EL CEREBRO de una manera mucho más importante de lo que pensábamos. Tiene relación con la bioquímica cerebral: el canto potencia las hormonas que favorecen el bienestar y reduce las que favorecen la agresividad.
Aquí deixo una entrevista molt, molt interessant a Dàmaris Gelabert, us recomano que la llegiu!
Hace dos años dos talibanes interrumpieron el recorrido de un autobús escolar que viajaba por el valle de Swat en Pakistán y, arma en mano, subieron a su interior para preguntar: «¿Quién es Malala?». Acto seguido comenzaron a disparar contra la joven y sus amigas. Pensaron que con este acto habían apagado la voz «enemiga» y, sin embargo, crearon una heroína con verdaderas ganas de cambiar el mundo. Desde entonces emprendió una lucha por los derechos de los niños que este viernes se ha visto recompensada con el Premio Nobel de la Paz 2014, galardón que ha recaído sobre ella y el presidente de la Marcha Global contra el Trabajo Infantil, el indio Kailash Satyarthi.
De Malala soprende su fuerza vital, sus ganas de vivir. El día que intentaron asesinarla, su padre estaba convencido de que no volvería a verla con vida. Sin embargo, logró salir del coma inducido sólo unas semanas después en el hospital de Birmingham, Inglaterra, al que fue trasladada para recuperarse de las heridas de las balas. También sorprende de ella la fuerza de sus palabras, la contundencia de su mensaje y la ilusión inmaculada que reflejan pese a la crudeza de lo vivido. El día de su 16 cumpleaños lo demostró ante el mundo en el seno de Naciones Unidas.
«El 9 de octubre de 2012 los talibanes me dispararon en la cabeza. Dispararon también a mis amigos, pensaron que con sus balas nos callarían para siempre, pero fracasaron. De ese silencio surgieron miles de voces, los terroristas pensaron que cambiarían mis objetivos y detendrían mis ambiciones pero nada ha cambiado en mi vida, excepto esto: la debilidad, el miedo, la desesperanza murieron para siempre, nacieron la fuerza, el poder y el coraje». Así de contundente y firme fue su mensaje en el seno del organismo. En ese momento, ante la mirada emocionada de su madre y familia, ya era consciente de que, como ella misma afirmó días después en la BBC, sus palabras llegarían «no sólo a EE.UU. y otros países, sino a todo el mundo».
Malala y el mundo
Con su intervención Malala también puso de manifiesto una evidencia: pese a ser sólo una adolescente se ha convertido en un icono mundial de la libertad, de la igualdad de la mujer y, en definitiva, de la educación. Prueba de ello es que también ha recibido el Premio Sajarov con el que el Parlamento europeo destaca la lucha por la libertad de prensa y ha sonado como una firme candidata al Nobel de la Paz.
Con todo, su historia no comienza este 2013 de la mano de los reconocimientos mundiales, ni siquiera el pasado 2012 cuando la dispararon, empieza mucho antes, en 2009, cuando sólo tenía doce años. Entonces ya era una férrea defensora de su derecho a recibir una educación y comenzó a escribir un blog en la página de la BBC en udu -una de las lenguas que se hablan en Pakistán- cómo iba a clase de forma clandestina.
«Tengo derecho a la educación, a jugar, a cantar, a ir al mercado, a que se escuche mi voz (...) En el mundo las chicas van a la escuela libremente y no hay miedo, pero en Swat cuando vas a la escuela tienes mucho miedo de los talibanes. Ellos nos matarán. Nos lanzarán ácido a la cara. Pueden hacer cualquier cosa», escribía la joven bajo el seudónimo Gul Makay.
Una lucha que no cesa
El momento en el que Malala escribe esas líneas es de especial relevancia ya que los talibanes controlaban el valle del Swat, en el noroeste paquistaní, e imponían su versión rigurosa del Islam, incluyendo la prohibición de que las niñas fueran a la escuela. Un año más tarde, en 2010, el ejército de Pakistán logra expulsar de la zona a los talibanes y el Gobierno la galardonó con un premio nacional por su defensa de la educación. El lado negativo de la historia reside en el hecho de que los talibanes pudieron ponerle cara. Dos años más tarde intentaron apagar su voz pero generaron el efecto contrario; no sólo no acabaron con su vida, sino que hicieron que su mensaje se extendiera. «Creo que estarán arrepentidos de haberle disparado a Malala. Ahora a ella la escuchan en cada rincón del mundo», afirmó la joven durante una entrevista con la cadena británica BBC.
En la actualidad ha sido reconocida por la revista «Time» como una de las 100 personalidades más influyentes del mundo. En 2012 la ONU dedicó un día con su nombre al derecho universal a la educación.También se ha reunido con el presidente de Estados Unidos, Barack Obama, a quien entonces le trasladó sus reticenciassobre los ataques con 'drones' en Pakistán por «insuflar el terrorismo». También la hemos visto apoyando a las familias de las secuestradas por Boko Haram, en un viaje que realizó a Nigeria para mostrarles su apoyo.
Nada de esto ha cambiado a la joven, de sólo 17 años, que a día de hoy quiere regresar a su país y se muestra a favor del diálogo con los talibanes.
La Nadia va néixer a Kabul, l’Afganistan, l’any 1985. Quan tenia 8 anys, durant la guerra civil,va caure una bomba a casa seva, cosa que li va provocar ferides molt greus.
Quan va sortir de l’hospital, 14 operacions més tard, la seva família continuava vivint amb moltes penúries. En aquells moments s’havia acabat la guerra, però l’havia seguida la instauració del règim talibà, que no permetia que les dones treballessin. Això era greu per a la família de la Nadia, perquè el pare tenia problemes de salut i no podia treballar, i el germà gran havia mort. En aquestes circumstàncies, la Nadia va decidir que tenir 11 anys i ser una noia no podia ser un impediment per ser l’home de la casa. Va decidir fer-se passar per un noi i sortir a treballar per mantenir el pare, la mare i les dues germanes petites. Va viure amb un nom que no era el seu durant 11 any.
Passat el temps, va viatjar a Europa amb una ONG. Fa 8 anys que viu a Badalona i fa el que sempre ha volgut: estudiar i formar-se per poder ajudar el seu país.
Tota la història de la Nadia es pot resseguir al documental Tornar a Nadia.
La Nadia va voler explicar la seva història, i ho va fer amb l’ajuda de l’Agnès Rotger a El secret del meu turbant (Edicions 62, 2010). Aquest llibre va guanyar el Premi Prudenci Bertrana 2010.
Aquest any, vam tenir el privilegi (primer i segon d'Educació Infantil) de poder compartir una estona amb la Nadia i gaudir en primera persona del documental Tornar a Nadia, a la biblioteca de Gavà Josep Soler Vidal.
Carles Capdevila i Plandiura es un periodista y guionista español, actual director del diario "Ara".
Tiene una larga trayectoria en prensa, radio y televisión.
Ha presentado y dirigido el programa "Eduqueu les criatures" a Catalunya Ràdio y el programa "Qui els va parir" a TV3.
Fue subdirector del programa "Malalts de tele". Dirigió la sección "Alguna pregunta més", dentro de "Els matins" de Catalunya Ràdio.
Recibió el premio "Pere Quart de humor y sátira" el 1999 por el libro Criatura i companyia.
Licenciado en filosofia y periodista.
Carles Capdevila colaboró del espacio Guía de Padres del programa Hoy por Hoy de Cadena Ser. Además, es padre de 4 hijos. Ofreció un discurso lleno de humor sobre la labor de un padre. Su ponencia fue el colofón final del encuentro y suscitó entre el público carcajadas hablando de la importancia del sentido del humor en la educación de nuestros hijos. No os perdáis su intervención!
Carles Capdevila habló de sus 19 años de experiencia como padre subrayando la diferencia entre adolescentes y niños (“si alguien tiene dudas sobre la diferencia entre un niño y un adolescente, que venga a casa porque tenemos dos de cada. Cuando llegue a casa, dos me abrazarán y dos no. Cuando hago una gracia dos ríen y dos no. Cuando hago un sermón de padre, dos escuchan con atención y dos se van”), de la reinvención de la teoría de la relatividad (“hace diecinueve años, esterilizábamos el chupete cada vez que pensamos que había rozado el suelo. Con el segundo, si el chupete había caído en un sitio muy sucio, lo pasábamos debajo del grifo. Con el tercero, si había caído en un sitio muy muy sucio y había al menos tres testigos, lo pasábamos un poco por la camisa”) y de cómo descubrió cuál era su misión en la vida conversando con un paquete de pañales al que dijo “Te odio, no te quiero en mi vida” y de compresas al que dijo “No te hablo a ti, ven cada mes”. Así, confiesa, descubrió“cuál es mi misión en la Tierra: espabilar a los pequeños y controlar a los mayores”, aunque luego, matiza, perfeccionó esta idea: “es espabilar a los pequeños e intentar controlar a los mayores, porque el adolescente es un ser extraño que te dice que no ha hecho nada, no ha ido a ninguna parte ni ha quedado con nadie. Un adolescente no tiene ningún peligro porque es un ser que se pasa el día en ninguna parte, con nadie y haciendo nada”.
Carles subraya la importancia del humor en la educación de nuestros hijos e insiste en que “los padres supermotivados tenemos a veces ciertos complejos o angustias fruto de saber tanto y olvidamos esa misión más simple que es espabilar, controlar y divertirnos”. Para eso, apela a cinco sentidos muy elementales: el sentido común, el sentido del ridículo, el sentido de la responsabilidad, el sentido moral y el sentido del humor. El sentido común (que nos dice que “nuestros hijos entienden que el mundo funciona según las reacciones que tengamos a lo que hacen. Cuando señale una piruleta y decidáis que no se la compráis, empiece a llorar y no se la compráis, se tire en el suelo y no se la compráis y se pone morado (por el berrinche) y no se la compráis y saca la lengua (ahogado) y se la compráis, este niño a sus amigos les dirá “Me ha tocado una casa en la que hay que jugarse la vida, te compran la piruleta cuando estás al límite”, nos contaba entre risas). El segundo sentido es el del ridículo, que a veces perdemos, como los padres bajitos de un niño bajito preocupados porque su hijo era bajito y que fueron al pediatra a pedirle vitaminas. El sentido del deber le lleva a Carles a hablar de las personas que se plantean tener hijos y le preguntan con miedo si eso te cambia la vida: “Si no quieres hijos, no los tengas, pero si los tienes hay que educarlos. Eso de querer ser padres pero la resistencia a que cambie tu vida me sorprende, porque es imposible y porque cambiar está bien. Esta obsesión por lo práctico… No tener hijos es muy práctico. Tener hijos no es práctico, es apasionante, maravilloso, divertido, aventura fantástica… Tus amigos sin hijos el lunes presumen de que han ido al cine y tú has ido a urgencias”. El cuarto sentido es el sentido moral: “a nuestros hijos vamos a educarlos en valores, y los valores se imitan”, nos recuerda Carles, aunque subraya que “a veces abandonamos alguno de los valores y nos despistamos para que a nuestro hijo no le falte de nada”. El quinto sentido es el sentido del humor: “Si practicamos la ironía desde la seguridad de que va a ser que no, ellos lo entienden”. Le dijo una vez a su hijo: “Sí, por supuesto, vamos a ir a ver el Barça para celebrar tu 1,9 en Mates”. Y él le contestó: “Vale, ya lo he pillado, me pongo a estudiar ahora”.
Una de las ideas que más quiso subrayar Carles es que “pensar que somos mejores padres porque estamos tensos y angustiados no nos va a ayudar”. A preguntas del público sobre su frenética actividad (dirige un periódico, colabora en radio, escribe y encima es padre de cuatro hijos, Carles nos dijo que intentaba “vivir cada cosa como una oportunidad y no como un marrón” y que “padres y madres tenemos que decirnos cosas bonitas a nosotros mismos en lugar de contarnos lo mal que lo pasamos”. Para este periodista, “la educación de mis hijos es lo más trascendente que haré para la Humanidad y hay que hacerlo divirtiéndose y para eso necesitas la distancia que te da la ironía, tomártelo muy en serio pero reírte de tus fracasos”. Por eso resalta que “educar cada día es más difícil, pero no imposible, y si lo hacemos con sentido del humor a lo mejor nos sale bien”.